«En lugar de mirar una pantalla, podremos vivir y compartir una experiencia»… Así comenzó Mark Zuckerberg su discurso sobre el metaverso.
Para las mentes curiosas, la palabra metaverso se compone del prefijo meta-, que en griego significa «más allá», y de verso, en referencia al universo. Más allá de poder debatir sobre el gran y profundo mensaje que transmite una simple palabra, lo que surge con este concepto es una forma que amplía enormemente la manera en que hacemos negocios, nos relacionamos entre nosotros, compramos… Las oportunidades que pueden surgir para las marcas gracias a este gran acontecimiento no tienen precedentes.
El metabranding surge como una propuesta que va más allá de lo conocido. Con nuevos canales, espacios y lugares, se puede desarrollar una nueva forma de crear valor. Sin embargo, ya sea en la Tierra, en Marte o en Andrómeda, el branding debe tener siempre la misma esencia.
Un buen branding es aquel que es consistente con su visión, coherente con su identidad, sabe a quién se dirige, genera confianza y aporta valor real a las personas que lo rodean.
Al igual que en el metaverso todos estaremos conectados y podremos disfrutar de la experiencia, el metabranding abarca todas sus partes y, al igual que el universo, se expande para alcanzar fronteras aún por explorar.